“El lamento”, de Eleni Ikoniadou






Descripción del audio: performance sonora de “El lamento”, de Eleni Ikoniadou y Carolin Schnurrer. En inglés.




Aún así, nos encontraremos, partiremos, y nos volveremos a reunir.
Donde los hombres muertos se en

cuentran, en los labios de los hombres vivos.
—Samuel Butler


¡Qué consuelo son las lágrimas para quienes sufren y los lamentos de un treno y la Musa que canta la pena!
—Eurípides



En todo el mundo antiguo y el mundo moderno, la muerte es un asunto de las mujeres. Las mujeres lavan, visten y decoran el cadáver, para luego cantarlo hasta su lugar de descanso definitivo con un lamento. La lamentación es una expresión extrema de sufrimiento que precede cualquier otra forma de ritual oral, y ha llevado a la creación de los poemas épicos más antiguos a lo largo de las culturas humanas.

Un entierro tradicional incluye el velatorio, la procesión al cementerio, el funeral en sí, y las conmemoraciones que vendrán en algún momento futuro. Los cuatro pueden estar acompañados de lamentadoras.  Por lo general, estas suelen ser mujeres mayores, vestidas de negro de la cabeza a los pies, y quienes vocalizan el horror de la pérdida con un lamento estremecedor;  hablan, cantan y sollozan, y se lamentan y gimen por quién ya no está ahí.

Las lamentadoras pueden ser amigas o parientes de la persona fallecida y sus familiares, parte de la comunidad o profesionales contratadas, a quienes antes del funeral se les instruye sobre la persona muerta, su trayectoria y experiencia vivida. El ritual suele incluir la participación de estas mujeres que levantan sus brazos al aire, aplauden al mismo tiempo, se golpean la cabeza y el pecho, y tiran de sus cabellos. Hay un ritmo en su actuación, aunque actuar aquí no implique fingir, ya que incluso las lamentadoras contratadas están involucradas emocionalmente con la persona fallecida que plañen, en su particularidad.

El proceso comienza con un lamento más tenue durante el velatorio, se eleva a un crescendo durante la procesión, desaparece brevemente durante el servicio religioso para resurgir nuevamente en el camino a la tumba, y alcanza el clímax durante el descenso del ataúd en la tierra. Pero esta regla rítmica no escrita es uno de los pocos elementos repetitivos, ya que el lamento casi siempre es improvisado.

Esto es conocido como el lamento primario, que surge de manera espontánea del inmenso dolor, y que la lamentadora apenas puede controlar. El sonido de la muerte es una fuerza extraordinaria, controla las cuerdas vocales de la mujer y sale de su boca como un torrente de configuraciones múltiples y salvajes: el contenido literario sofisticado da paso al lenguaje de la calle, la poesía a las groserías, y arrebatos turbulentos cortan con la calma previa que había en la voz y la entonación de la lamentadora.

En su esencia, el canto lúgubre es incontrolable e incognoscible, lo que hace imposible el repetirlo o poseerlo por completo. Esto explica que la misma persona que lamenta sea capaz de producir elegías completamente diferentes en forma, estilo o calidad. Sin embargo, sería un error asumir que los lamentos simplemente proceden del interior. Mientras que las plañideras principales emiten palabras y sonidos improvisados, las mujeres de alrededor incesantemente les van arrojando información sobre la persona que se ha ido, lo que ellas simultáneamente y sin esfuerzo van incorporando a su llanto. Por lo tanto, la lamentadora, además de hablar, siempre está escuchando.

Y aún así, un lamento típicamente contiene más que datos concretos sobre la historia de la persona muerta. En estos también se funde información que aparentemente solo conoce la lamentadora, y que parece haber recogido de fuentes desconocidas. La persona que lamenta entrelaza la avalancha de información que posee sobre el pasado de la persona fallecida con los datos que va recibiendo en vivo, añadiendo material especulativo y procesando todo a una velocidad increíble mientras lo vocaliza. De este modo, consigue que cosas que hasta entonces eran privadas, pasen a formar parte de un archivo permanente.

En su clímax, la voz que lamenta abandona el pasado y el presente de este mundo para abrir una puerta al más allá. Más que expresar sonoramente el duelo y el dolor de la pérdida, la lamentación tiene sus raíces en una antigua y específica creencia en la otra vida. Por lo tanto, los velatorios y entierros tienen una importancia significativa, ya que suponen la última oportunidad para preparar y equipar a la persona fallecida en su viaje al inframundo. La lamentadora reúne algunas de sus cosas favoritas —monedas para pagar el pasaje en barco al otro lado, alabanzas para sus vidas, mensajes para transmitir a lxs otrxs muertxs.

Las lamentadoras están activamente interesadas en el futuro del cadáver en el otro mundo, y se considera que tienen la capacidad de abrir canales de comunicación entre lxs vivxs y lxs muertxs a través de sus inquietantes vocalizaciones. La lamentadora principal no puede ser interrumpida bajo ningún concepto mientras construye el lamento, y suele ser temida, admirada, respetada, pero a la vez es odiada y se burlan de ella; en gran parte los hombres, quienes consideran la lamentación un maleficio peligroso. La amenaza al orden social que parecen representar las plañideras se debe a la gran incertidumbre que genera el estado de dolor orgiástico que arrastran consigo. Pero también tiene que ver con el hecho de que, la lamentación, era el único momento en el que se permitía hablar a las mujeres. Es por ello que las plañideras muchas veces se distanciaban de la muerte que estaban lamentando para dar hueco a otras cuestiones delicadas, cuestiones políticas, públicas y privadas, que de otra manera eran intocables para ellas, e incluso a veces, para los hombres. Sin embargo, lo terrible del lamento principalmente reside en su dimensión improvisada, incontrolada e inhumana; aquello que la revela como una fuerza sonora separada del cuerpo que la contiene, y de origen y destino desconocidos.

En el lamento, encontramos la importancia de conectar con lo alien, lo devorador de lo nunca visto que se sitúa más allá de este mundo. La lamentadora se convierte en un transductor de la muerte en sonido, un pasillo acústico entre distintos órdenes de lo real, formulando un encuentro directo entre reinos incompatibles. Su encantamiento sobrenatural cruza, transformando desde o hacia, mediando vocalmente y negociando el incesante intercambio entre lxs vivxs y lxs muertxs.

Las mujeres que lloran son un dispositivo para recibir, almacenar, procesar y manipular información. Esta voz que habla, y que no les pertenece, que no controlan conscientemente, y que no se reduce a un mero vehículo para sus pensamientos, es un sonido inhumano al servicio de algo. Al cantar,  lamentar, registrar, transitar, al revivir a lxs muertxs, la voz no puede decirse que pertenezca al cuerpo per se. No es auténtica o autorizada, está hormonalmente masculinizada, su tono vocal se reduce. Nunca es perfecta o real, se corrige, perfecciona y manipula. Pasa por una cadena de efectos de software. Es antinatural y sobrenatural. Es un efecto sin una causa. La voz no es privada, efímera, personal ni incluso humana. Procesada. Artificial. Sintética. Forzada.

El lamento es el primer paso para deshumanizar la voz. El cuerpo que lamenta es un dispositivo de transmisión no más humano que maquínico. La temporalidad de la voz es entonces paradójica: a la vez orgánica y tecnológica, presencia encarnada y aparición grabada, humana pero inmortal, continuamente regresando pero siempre renovada.

Se prevé que desarrollos futuros en aprendizaje profundo (”deep learning”) y en inteligencia y conciencia artificial, conducirán a una completa externalización de la lamentación en la inteligencia artificial. Las plañideras IA separarán el lamento de su tradicional asociación con la muerte y lo extrapolarán a su estado cotidiano, apropiado para los tiempos de dolor universal que están por venir. Llorando la pérdida de la vida cultural, el horror político, la destrucción del medio ambiente, pero también las luchas cotidianas mundanas. Puedes proyectar y transferir tu dolor a ellas.

La voz hace alianzas Harawayanas, “a través de las dañinas divisiones entre naturaleza, cultura y tecnología, entre organismo, lenguaje y máquina”.  Se desplaza de una entidad ctónica a otra, “de, en o debajo de la tierra y los mares”. Nosotrxs-no, más que nosotrxs, sin terminar.

Coros de voces cuyos lamentos liberan los relatos no contados de la historia. Deshumanizada y sin domesticar. Peligrosa, amenazante y ruinosa. Primordial, pre-mamífera, simultáneamente ancestral y aún por venir.

Este texto, de Eleni Ikoniadou, se publicó previamente en inglés en la edición de ensayos “Unsound: Undead”, Urbanomic, 2019.




Eleni Ikoniadou es una investigadora y artista londinense y profesora titular en el Royal College of Art. Forma parte del grupo artístico AUDINT junto a Steve Goodman (kode9) y Toby Heys. Ha coeditado el volumen “Unsound: Undead” (Urbanomic, 2019) y producido varias exposiciones bajo este título gracias a la ayuda de Arts Council of England (2018-2020). Es la fundadora y coeditora de Media Philosophy series (Rowman and Littlefield International) y autora del monográfico The Rhythmic Event: Art, Media and the Sonic (MIT Press, 2014). Eleni ha exhibido, performado, comisariado y presentado trabajo, entre otros, en el ICA de Londres, Barbican, Tate Britain y Modern, Nottingham Contemporary, Arebyte gallery, Spike Island Bristol, MUTEK Montreal, Loop Berlin, Unsound Krakow y MIRA Barcelona. Su investigación actual se centra en los vínculos entre voces humanas y sinteticas con rasgos femeninos.




Carolin Schnurrer diseña, crea y produce experiencias físicas y digitales con una gran variedad de formatos que abarcan desde performance sonora o instalacion a imagen en movimiento o webs. Sus intereses principales tienen que ver con la digitalización de la sociedad y preguntas sobre qué implicaciones tienen estos desarrollos en el cuerpo humano y la conectividad. A través de trabajo colaborativo, Carolin investiga nuevas formas de experienciar, performar y producir música. Caro ha performado recientemente en espacio como el Barbican, Tate Modern, ACCA Melbourne, Serpentine Pavillion, Corsica Studios y Kings Palace.